Blog de SiendoSinceras

Viernes 13

Fue el viernes 13 de 2018 el día que decidí no hablarte nuevamente. El día que decidí reprimir mis instintos y deseos, los cuales, solo te a ti te pertenecen.

Fue el día que me hice más consciente de que te iba a dejar ir…

Confieso que ese viernes 13 – aunque ameritaba serlo- no fue lo más complicado. Fue un día lleno de determinación, de ansiedad, de desasosiego; pero finalmente, lo que reinó, fue la resignación. Resignación que hizo un poco más llevadero el día, porque simplemente fue pararse frente a la idea de ti, e imaginar que nos decíamos mutuamente: que esto que no fue y fue tanto a la vez, ya no iba a ser… ¿o seguir siendo?...

Es complicado alejarse. Soñarte y pensarte a diario y no hablarte; ayuda el seguir imaginando, pero esta vez, que ni siquiera piensas en mí, fundamentar la decisión en imponerte la idea – aunque me hayas dicho lo contrario miles de veces- que nada de esto te importa, que simplemente soy una más. Es la única manera.

Y es que esa es la última manera, cuando se siente algo que literalmente te quema por dentro y que ocupa tu mente y tu cuerpo; cuando recuerdas las veces en las que estuvimos juntos y como nada importaba. Como nos podíamos decir todo, malo o bueno, sin una gota de insulto, de ofensa, de timidez o de vergüenza.

Es difícil encontrar dos personalidades tan opuestas pero que se compenetran tan bien. Como coincidíamos en nuestros pensamientos y en los que no, como después de una acalorada discusión de motivos encontrábamos un punto medio.

Como respondías cuando te tocaba y como mi cuerpo de una forma inevitable hacía lo mismo. La forma de besarnos, de entendernos con una mirada… Ese lenguaje corporal que poco a poco fuimos construyendo y que solamente podemos entender nosotros. Es increíble la forma en la que nos deseábamos.

Y es que nadie más notaba, cuando nos queríamos contar un secreto.

Como entendíamos perfectamente lo que queríamos a altas horas de la madrugada era lo máximo. Cuando dejábamos el mundo de cada uno a un lado, para centrarnos en nosotros, en lo que simplemente deseábamos en el momento. Como no había la menor vergüenza para mandar un mensaje en la madrugada, diciendo simplemente ¿Dónde estás?, ya te llego o te quiero ver y simplemente vernos.

Es duro, porque era coincidir con alguien opuesto pero que es muy tú. Que te sorprende encontrándote un domingo junto a su familia, llevando a su mamá de la mano por la iglesia; o paradójicamente, bailando toda la noche, caídos de la borrachera en la rumba más pesada y más sincera, o  irónicamente, tomando el vino más caro de la carta en la reunión la más falsa y más aparentosa e igual acoplarnos el uno al otro; así como simplemente, un miércoles entre semana, en la madrugada – siendo que dormimos tan poco los dos- buscarme solo para comentar sobre la apreciación de un libro; o quedarnos la tarde de domingo hablando por chat o por llamada, criticando una serie en Netflix o recomendándonos un documental; o que sea un lunes en plena jornada laboral y recibir las llamadas del otro para asesorarlo y acompañarlo en temas laborales, y así mismo, cualquier día de la semana a cualquier hora, para simplemente saber del otro y hablar de la mayor banalidad de la vida diaria. Así eres tú y así yo también.

Y es que cada cierto tiempo que dejábamos de vernos, sentíamos que ya no podía pasar más tiempo, que teníamos que vernos y curiosamente algunas de las veces que nos vimos, ni siquiera nos dimos un beso, pero era el hecho de estar al lado del otro sintiendo el ineludible magnetismo.

Ahora que lo pienso, tal vez por eso es que la última vez que nos vimos, no nos queríamos separar, parecíamos la pareja más melosa – aunque no nos guste ser así- pero es que hacía más de 2 meses que no nos veíamos y no sé, simplemente era inevitable estar así.  No es algo que amerite una mayor explicación.

Es increíble como desde el principio me cerré a tu posibilidad, como me negaba a ver todo, aun cuando toda tu gente me lo decía y para acabar de ajustar, la mía también, cuando nos encontrábamos a más de uno en la calle en altas horas de la madrugada y me decía lo bien que nos veíamos juntos y que me veía muy feliz.

Es que no puede ser más cierto lo que me dijiste la última vez que nos vimos antes de preguntarme si estaba dispuesta a dejarlo todo. Eso sobre que nadie sabe, nadie entiende; que ninguno de los dos tiene un espacio en la vida del otro, pero es innegable como nos ubicamos el uno al otro en cada espacio de la vida, en cada situación en la que sonreímos pensando en el otro, como nos afectamos mentalmente al otro – confieso que no pensé que esto también te pasara-.

No esperaba que me dijeras eso, que te sucediera a ti. Es complejo, uno estar con otra persona, con familia, en el trabajo y con amigos, estar en situaciones en las que solo imaginas y quisieras estar con una persona que ni siquiera es parte de tu vida.

Quien iba a pensar que, de todas nuestras conversaciones sinceras, la más abierta fuera la que nos llevara a esta posición. Y que hiciéramos cierto eso que el viernes 13 trae mala suerte, que es un día maldito que acaba con todo, porque ahora así lo sentí. Ese viernes 13 – que se supone solo era superstición- sentó que al tomar esa decisión como inevitablemente te aleje, acabe también con algo de mí.

Pero ahora es peor, porque ya no solo no eres parte de mi vida, sino que tampoco puedes ser parte de mis pensamientos, de alguna forma tengo que quitarte eso que encontraste en mí. Esa conexión que no había tenido con nadie más, que me desestabiliza, y me saca de mi hermetismo cotidiano.

C.

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: